La Chupitería de Paraíso

Mayo 31, 2007 at 10:00 pm (Bares)

Más chupitos de los que te podrías beber en tu vida (a no ser que quieras acabar mal). Ésa es en esencia la oferta de la Chupitería Grande.


La entradaSi una persona saliese todos los fines de semana por Valladolid, y todos y cada uno de ellos se acercase a la Chupitería Grande de Paraíso para tomarse un chupito distinto cada noche, tendría sin duda para varios años.

En este local, auténtica institución en Valladolid ya mencionada de pasada en este blog, puede que haya, contando muy por encima, unos 200 chupitos distintos que tomar, mezcla arriba mezcla abajo. Si a ello le sumamos la experiencia y los conocimientos que puede atesorar cada visitante, o en su defecto la imaginación de cada uno, la lista se hace infinita, pues los solícitos camareros a menudo sirven cualquier antojo previamente descrito por sus clientes sin rechistar, siguiendo sus instrucciones por muy extravagantes que sean, si acaso limitándose a aconsejar a los exageradamente incautos.

Todos los chupitos habidos y por haberSin necesidad de innovaciones, la extensa y variada oferta del bar ya es de por sí más que suficiente como para desbordar las aspiraciones del más atrevido o inconsciente. El visitante se verá de hecho tan desbordado ante el inabarcable cúmulo de opciones que podrá observar escritas en los enormes cartelones que llenan las paredes del bar, que se verá con dificultades incluso para decidirse por uno en concreto.

Entre tan basto abanico de posibilidades se encuentran bombas, delicias y verdaderos clásicos, como el strong, una auténtica carga de profundidad no recomendable excepto para duelistas; el tequila, que se acompaña en chupito con el limón y la sal clásicos; el siempre digestivo chupito de yogurt; la empalagosa piruleta… y como toque exótico a destacar la fuerte y bohemia absenta, bebida romántica por excelencia, en cierto grado alucinógena, y muy difícil de encontrar en cualquier otra parte.

El barEl bar no es tan sólo sus chupitos. Amplias barras a la izquierda y al fondo según se entra, música comercial, paredes decoradas con pinturas murales que evocan un poblado mejicano y, además de la oferta estrella de los chupitos, una buena provisión de cervezas, entre las que destaca por mérito propio la mejicana Lupita, escasa por lo general en otros establecimientos (en donde suele dominar la marca Coronita), y especialmente adecuada para pasar el regusto de los chupitos.

La barraEso sí, también es de recibo señalar que es un bar sin mesas o sillas, con unos baños descuidados, pequeños y por lo general en mal estado (se recomienda valerse de los de cualquier otro bar cercano), que suele atestarse de gente todos los fines de semana desde las once o doce, y que debido a su peculiar  y nada cómoda planta en forma de “L”, y a no gozar tampoco de demasiado espacio, sufre frecuentes aglomeraciones en la entrada y el pasillo principal. Quizás por eso también sirvan a través de una pequeña ventana que da a la calle.

Para resumir: un bar clásico, archiconocido en la ciudad y extremadamente interesante para quien tenga curiosidad por ese género de bebida que se conoce como los chupitos.

 

Una última cosa: en este texto se está hablando de una chupitería y de chupitos en un tono desenfadado e informal, incluso descuidado, pero no se pretende incurrir con ello en ninguna negligencia ni irresponsabilidad, ni inducir a nadie a cometerla. 

 Debido a esto, cabe recordar aquí que la oferta estrella de este bar, como ha quedado claro, son los chupitos, es decir, unos caldos con alta graduación de alcohol (la variedad de absenta fuerte puede tener cerca de 90º), cuyo peligro evidente no estriba sólo en su alta toxicidad, sino también en lo sobrecargado de su, generalmente, escasa sustancia. Una unión de factores cuyo resultado habitual tras una ingestión que suele ser muy rápida (de un trago) es el de una inmediata, acelerada y fuerte embriaguez.

El consejo correspondiente, ofrecido por un veterano, sería el siguiente: si no se ha bebido nunca ninguno, beber uno suave y no más. Si ya se es más experimentado, tener de todos modos cuidado con lo que se bebe, porque hay auténticas bombas, que ni siquiera el cuerpo del individuo con el ego más crecido (y especialmente en ese caso) puede asimilar. Si se quiere beber más de un chupito, es absolutamente necesario tener en todo momento consciencia del estado de embriaguez propio, para parar cuando sea necesario y saber si se puede o no seguir consumiendo. Por los rápidos e intensos efectos de un chupito, es recomendable dejar pasar un tiempo entre trago y trago para asentar el cuerpo y autosondearse. También se recomienda acompañar estas sustancias con otro tipo de bebidas frescas, digestivas y mucho más suaves, como el agua o una cerveza. Y nunca, nunca se debe tomar un chupito en ayunas.

Dicho esto, señalar que el autor de este blog presupone por su parte una serie de características en sus lectores que les permitirán conducirse con la suficiente prudencia llegado el caso, a saber:

-Que éstos ya son mayorcitos, por lo menos lo suficiente como para salir los fines de semana (si sois lo bastante mayores para eso, caballeretes, lo sois también para ser responsables). 

-Que saben leer y comprenden el castellano (si no no sé cómo iban a leer esto).

-Que no solamente saben leer, sino que con capaces de relacionar conceptos abstractos o intelectuales con realidades materiales del mundo en el que viven, o sea, que entienden por ejemplo qué es un chupito, una cerveza o una copa.

-Y que no son George Bush, o sea:

-Que tienen un mínimo de sentido común.

Ahí queda eso.


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