El Vinos Merinos

Mayo 25, 2007 at 12:27 am (Bares)

Lo de este bar es, sin duda alguna, un fenómeno muy extraño.


De entrada, ¿qué pensaría nadie de un bar más bien estrecho, atestado de gente, de atmósfera sobrecargada, y en el que sirven una bebida extrañamente alcoholizante, por no decir tóxica? ¿Daría eso como resultado un lleno total todos los fines de semana? Pues, en el caso del Vinos Merinos, ese extraño resultado se da.

Lo cierto es que no existen otros muchos bares más populares como éste en Valladolid, archiconocido entre la juventud, y famoso por estar situado entre los primeros puestos del ranking de las “razones por las que ayer me cogí una gran borrachera”.

La entradaEl Vinos Merinos es un bar situado en la Calle de Leopoldo Cano, más o menos a la altura en que parte perpendicular la Calle de Felipe II hacia San Blas. La zona es bastante prolija en bares de todo tipo, como El Almirante, que queda apenas unos metros más allá, pero ninguno se llena tanto ni congrega en su entrada a tal cantidad de gente todos los viernes y sábados como éste.

Y es difícil entender, pensándolo fríamente, el porqué. El bar no es pequeño en cuanto a metros cuadrados se refiere, pero sí es bastante estrecho y tortuoso. Se entra a una estancia rectangular, que se expande a lo largo y hacia el fondo, al principio más o menos espaciosa, y en la que pueden verse unas pocas sillas y mesas contra las paredes. Sin embargo ésta, sin duda la parte más amplia del local, y termina pronto, justo en cuanto comienza la barra, que se come gran parte del espacio restante y deja un estrecho pasillo para pasar hacia los baños.

Andado este pasillo, de unos dos metros de ancho por menos de diez de largo, se llega a un pequeño espacio cuadrangular, en cuyo lado derecho están los baños, y de cuyo lado izquierdo parte otro estrecho pasillo para entrar a la zona del comedor y los reservados, los fines de semana habilitados para que se sienten y beban grandes grupos de personas.

Nada más entrarHacia la entrada

El pasilloEl resultado natural de tan retorcida disposición es el de continuas estrecheces y atascos en la parte de entrada, habitualmente llena de gente, y especialmente en el pasillo, en donde apenas cabe nadie y la gente se amontona para pedir. Sumándole a esto el continuo tránsito de gente de y hacia la zona de los reservados y los baños, se obtiene una sensación de ahogo y opresión no apta para claustrofóbicos, unido a la continua molestia de tener que permitir el inagotable paso de gente de un lado para otro, sobre todo si se está acomodado en la barra.

Por añadidura, apenas suele haber sitio para colgar los abrigos, la barra suele estar empapada, y si no se puede contar con ella o con una mesa hay que aguantar la bebida de la mano o apoyarla en las estrechas baldas que sobresalen de la pared. Y a todo esto se le añade un calor y un tumulto constante que sobrecargan la atmósfera hasta lo indecible.

La barraSobre la bebida tampoco cabe hacer elogios. Lo bueno es que la oferta estrella del bar consiste en servir jarras de barro de diferente medida, entre uno y cinco litros, junto con varios vasos pequeños de cristal para servirse, todo ello a un precio razonable. Pero si la cerveza no es demasiado buena, el vino y el calimocho son sencillamente perniciosos. No tienen un gusto demasiado agradable, aunque tampoco resulten asquerosos, pero el verdadero problema proviene de los efectos de su ingesta: unos pocos vasos producen en seguida en el consumidor una ebriedad considerable, que puede convertirse fácilmente en una buena melopea si no se tiene cuidado.

De hecho, esta cualidad de la bebida es muy conocida entre quienes han ido ya al Merinos, y por Valladolid circulan varias “leyendas urbanas” acerca de su origen, y otras historias más reales acerca de sus efectos, tanto durante la noche como al día siguiente.

Cuidado!Y sin embargo, el bar se llena día sí día también. Y el secreto de su éxito bien podría ser el de no pensarlo con frialdad y dejarse llevar. Porque si bien es cierto todo lo anterior, también es verdad que, en cuanto el visitante logre acomodarse en un hueco y empiece a consumir, puede que por la toxicidad de la bebida, puede que por lo apabullante del ambiente, o puede que por lo animado de la parroquia habitual, se verá al cabo de un rato divirtiéndose donde antes ni imaginaba que podría durar ni siquiera un instante, hablando alto como los demás, “escanciando” la bebida que tiene en su jarra, y sintiendo una extraña indiferencia hacia el calor y el sofoco. Y puede que esto sea en gran medida, cabe repetirlo para no engañarse, por la toxicidad de la bebida.

Así que ya se sabe. El Merinos es un bar por lo menos pintoresco, muy concurrido, muy animado, y que asegura a sus clientes que saldrán al menos algo atolondrados, aunque sólo sea por su sobresaturada atmósfera.

Están avisados.


2 comentarios

  1. david merinos dijo:

    Hola, solo tenia una pregunta…no sabes si el bar, lleva el nombre Merinos por
    Un apellido
    Nombre de la oveja
    Composicion de varios nombres / palabras.

    Es que yo me apellido Merinos y soy de México, y hasta el momento mi hermano mi padre y mi abuelo son las unicas personas que conozco en todo el planeta con ese apellido.

    Gracias de antemano, espero me respondas :D

  2. merinero dijo:

    ehm….no, de hecho el bar se llama vinos merino, pero por una extraña razon todos lo conocemos por merinos(como si fuese merino´s xdxd) en fin somos así de inteligentes q no sabemos leer ni el nombre…pero yo tampoco me se el por q del nombre y sería interesante saberlo……

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