El Almirante
Mayo 22, 2007 at 8:00 pm (Bares)
El Almirante es un amplio bar que sabe combinar con su gran concurrencia una oferta de bebida barata y un espacio de sobra para poder pasar un rato a gusto.

El Almirante se parece bastante quizás a otros bares que ya han aparecido en este blog, como por ejemplo el Paradise, pues básicamente se trata del mismo concepto ya descrito con anterioridad: un bar grande con muchos sitios para sentarse y bebida abundante y barata.
En cuanto al bebercio, por empezar hablando de algo, cabe una vez más destacar que no por lo de abundante se entiende que ha de ser de mala calidad, y en cuanto a lo de barato, se supone que siempre y cuando se opte por la cantidad en vez de por la calidad, es decir, por los castizos y populares cachis, a tres euros de media en este bar. Como ocurre en otros lugares del mismo estilo, si se piden copas, aunque de seguro más baratas que en muchas otras partes de la ciudad, se estará desaprovechando el principal aliciente del bar.
El Almirante añade a todo esto una buena provisión de mesas y sillas y un amplio espacio, dadas tanto las buenas dimensiones de la planta del edificio como los dos pisos de que dispone, uno a ras de suelo y el otro a nivel de sótano. Y puede que sea éste último el factor esencial que haga a muchos decidirse por el Almirante: el suficiente espacio.
Si bien es cierto que la gran cabida con que cuenta este bar le permite acoger a un gran número de clientes (a simple vista se podrían contar fácilmente entre 100 y 120 personas), y si también es cierto que además el bar suele llenarse todos los fines de semana, la acertada disposición de los elementos permite, no obstante, evitar en gran medida los atascos, las aglomeraciones y los amontonamientos, convirtiéndolo en un bar concurrido y ajetreado pero no por ello agobiante.
Por fuera, la fachada apenas parece denotar que se trate de un bar, si no es por el cartel y el ventanal opaco que tiene en su costado. Nada más entrar en la primera planta el Almirante se expande a lo largo y hacia el fondo, de forma rectangular. A la izquierda queda la barra y a la derecha unas cuantas sillas y mesas. Cruzar toda la estancia no suele suponer demasiados problemas, pues el número de parroquianos acomodados en la barra no suele impedirlo, y las mesas y sillas de la derecha están lo suficientemente separadas de ésta como para permitir el tráfico, y además incluso algo más bajas que el resto del suelo de este piso.
Una vez se ha dejado atrás la barra se ven a mano izquierda los baños, y a la derecha las escaleras para bajar a la planta baja. Aquí el espacio está distribuido de forma diferente, con la barra ocupando todo el fondo del cuarto, y el resto lleno de más mesas y de sillas.
Del resto de aspectos apenas cabe destacar poco más: como todos los bares de este tipo no tiene portero, su ambiente es heterogéneo, y la clientela suele ser de lo más variada. La música apenas se llega a escuchar, la decoración es funcional, los baños están generalmente presentables, y no hace demasiado calor ni siquiera en el piso de abajo, en donde, sin embargo, pasar más de dos horas puede llegar a producir cierto embotamiento, sobre todo por el ruido y por tratarse de una estancia cerrada.
Por todas estas cosas, el Almirante resulta un buen lugar al que ir si se sale con mucha gente, para empezar la noche o para correrse una buena juerga ruidosa y relajada.
El bar El Almirante está en la Calle del General Almirante, de la que recibe su nombre, cerca ya de llegar a Leopoldo Cano, y haciendo esquina con una estrecha callejuela peatonal que conduce a su vez a la Calle Francisco Zarandona.
Como las imágenes en movimiento valen (son) más que mil imágenes, lo mejor es ver un vídeo tomado en el piso inferior del bar. Aquí puede verse la barra a la izquierda, las escaleras a la derecha y el resto de la estancia hacia el fondo:
El Vinos Merinos « Trasmundos dijo:
Mayo 25, 2007 a 12:30 am
[...] la Calle de Felipe II hacia San Blas. La zona es bastante prolija en bares de todo tipo, como El Almirante, que queda apenas unos metros más allá, pero ninguno se llena tanto ni congrega en su entrada a [...]