El Café Sildavia

Febrero 26, 2007 at 3:56 am (Bares)

El Sildavia pertenece a esa clase de bares que podríamos denominar como “alternativos” o bohemios, y que gracias a la providencia, aunque no demasiado numerosos, sí se pueden considerar al menos corrientes en esta ciudad.


Los bares “alternativos” no recibirían ese nombre por el mero hecho de suponer una alternativa a otros bares porque, bien mirado, todo bar supone en sí una alternativa a cualquier otro bar siempre que éste sea diferente. Cabría denominarlos así porque están impregnados de cultura alternativa (algo que no parece necesario explicar aquí, pues todo el mundo, aunque sea muy remotamente, se hace una idea de lo que puede ser la cultura alternativa y la contracultura).

 

Dentro de esta denominación común se presenta como principal característica genérica una muy marcada diversidad. Cada uno de estos bares es único y por completo diferente a los demás, alternativos o no. Todos ellos destilan una fuerte personalidad propia, lo que les hace inconfundibles, debido precisamente a esa naturaleza divergente que suscita y alienta todo lo alternativo.

 

Son bares muy diferentes, peculiares, que ponen empeño y se recrean en exhibir y resaltar su propia personalidad, y que se definen por el estilo del que hacen bandera en general y por la atmósfera que en cada caso sus dueños quieran darle en particular. Una vez se han reconocido como alternativos viene la tarea de indagar qué tipo de corriente es la que encarnan en concreto. Pueden ser más o menos temáticos, por decirlo de alguna manera: hippies, heavys, punks, góticos, anarquistas… aunque lo cierto es que intentar identificarlos, definirlos y clasificarlos, además de completamente imposible en ciertas ocasiones, sería precisamente además un empeño contrario al espíritu de libertad del que hacen gala.

 

Lo que de verdad se puede decir de ellos es que suelen irradiar bohemia y todo se hace a otro ritmo. El ambiente, aunque pueda llenarse de gente a ciertas horas, es esencialmente calmado, tranquilo, sosegado e informal, adecuado para charlar, quedarse en estado contemplativo o incluso leer. Los dueños y camareros suelen llevar el bar a su modo, con desenfado, lo que viene de nuevo a imprimir un toque personal. La música, dictada por el estilo del que se trata en cada caso, nunca podrá ser comercial. La decoración, muy elaborada por lo general, no es convencional, pues domina lo excéntrico, lo artístico, lo chocante o lo exótico. Y generalmente suelen ser locales que realizan además algún tipo de actividad cultural alternativa (como es el caso del Sildavia), como exposiciones de arte, fotografía o conciertos.

 

Ahora bien, suelen ser bares para disfrutar de su ambiente, su estilo peculiar, su música (si se conoce) y su aspecto, pero de poco más. Lo cierto es que, si alguien no comulga con su estilo o su filosofía, o no disfruta de su música o de su peculiar ambiente, puede suceder que se aburra, pues los bares alternativos no suelen presentar más alternativas de ocio. No destacan por lo económico, lo variado o la calidad de sus bebidas, ni porque se pueda bailar, ni ver televisión, ni distraerse jugando a algún tipo de juego. Se supone que este tipo de local busca un cliente bastante definido, que se mueve en un mundillo paralelo al del bar, y que acudirá con regularidad para recrearse en una atmósfera de su agrado y conversar con seres afines.

 

Eso sí, son bares en los que un cliente puede no encajar nada por cuestión de gustos o estilo (cosa que suele pasar en aquellos lugares que tratan de definirse con un estilo muy concreto) pero no obstante son abiertos a todos los públicos. Cualquiera puede entrar con libertad, sin ser mirado mal o tratado con desprecio, y el concepto “portero” es algo que, desde luego, no existe, como el de exclusivismo.

 

Estos bares alternativos no se extienden demasiado geográficamente en nuestra ciudad. Lo cierto es que, salvo excepciones, la mayor parte de ellos se ubica en el centro de Valladolid, en el área que se abarcaría tomando como vértices las zonas próximas a Cantarranas y San Blas, los alrededores de la Catedral y la Universidad, el entorno de la Plaza de la Cruz Verde y la calle Mantería, y las zonas circundantes a Santa Cruz y las facultades (por otra parte una zona esta en la que se sitúan la mayor parte de los bares famosos de esta urbe, sea cual que sea su estilo).

 

 

Volviendo al Sildavia hablamos de un bar que puede identificarse con todo lo antes descrito. En su caso en particular no hay un estilo demasiado claro, y quizás lo mejor sea limitarse a decir que es un bar bohemio, con un fuerte componente musical.

 

Haciendo referencia a lo comentado respecto a las decoraciones excéntricas o elaboradas (de lo que este bar, a pesar de todo no es un caso extremo), cabe destacar sobre todo lo siguiente: tiene las paredes, las puertas y casi cualquier superficie, excepto la barra, llena de miles de folletos, pasquines, hojas, folios, pegatinas, pósters, carteles o cualquier otro tipo de papel. Y cuando se dice “llena” quiere decirse completamente saturada. Resulta entretenido, si no se está distraído en otra cosa, observar algunos de estos objetos que adornan casi todas las superficies del bar y leer u observar lo que pone, pues suele tratarse de textos de toda clase, como lemas y llamamientos, poesías o canciones, anuncios de conciertos y grupos, dibujos y composiciones de todo tipo, noticias curiosas de la prensa, recortes, fotografías…

 

Por lo demás, el bar en sí, como habitáculo, no es demasiado excepcional. Moderno, rectangular, un solo piso, con la barra nada más entrar a la izquierda, unas pocas mesas y sillas al fondo y el baño más al fondo aún. Servicios decentes, tamaño medio-pequeño para un bar, iluminación adecuada (no hay demasiadas zonas tenues), y limpio en su mayor parte.

 

No se trata de un bar pensado para beber mucho y/o bien. A la hora de pedir no se caracteriza por tener una gran variedad de bebidas, ni por resultar demasiado económico: copas a más de tres euros, y cervezas entre los dos y los tres euros. De todos modos, en este caso no es la bebida lo que destaca de este bar, y las cervezas más bien corrientes que puede servir cumplen sobradamente el propósito de “tomarse una birrita” común a casi todo el que entra en él.

 

La música es también alternativa, identificable sólo por iniciados, y permite mantener una conversación fluida. No suele hacer ni demasiado calor ni demasiado frío en este bar, ni suele adolecer de un ambiente sobrecargado, aunque se llene bastante a eso de las doce de la noche

 

 

En definitiva, el Sildavia es un bar recomendado para cualquiera que guste de los ambientes bohemios o alternativos y que quiera disfrutar de un bar peculiar y agradable en el que pasar un rato tranquilo y distendido. Eso cuando no quiera asistir a alguno de los conciertos que organiza.

 

 

Encontraréis el Sildavia en la calle Arribas, al lado de la Catedral (no confundir con un negocio también alternativo de herbolario, tatuajes y de todo un poco que hay en el Paseo Zorrilla), y podréis disfrutar de su peculiar ambiente los fines de semana hasta bien entrada la madrugada, y también el resto de los días de diario hasta horas más prudentes.


Algunas fotos:

Entrada desde la calle La puerta   La barra El sinnúmero de papelitos

2 comentarios

  1. Dath dijo:

    ¿De qué me sonará esto?…

    XD

  2. FABIANO dijo:

    YA HE IDO TIENE UN AMBIENTE ESTUPENDO!!

    POR FAVOR DEJAD EL TELÁFONO DEL ESTABLECIMIENTO EN LA PÁGINA WEB….!!!

    GRACIAS!!!!

Escribe un comentario