El Peter’s
Febrero 12, 2007 at 9:13 pm (Bares)
Ni idea de porqué este bar también tiene un nombre anglosajonizado, pero así se llama, Peter’s.
Este Peter’s bar se caracteriza sobre todo por servir bebidas buenas y a muy bajo precio: dos euros y medio la cerveza de importación o la copa como mínimo, lo que, para los días que corren, es una auténtica ganga.
Podría pensarse que estos competitivos precios se explican por una bebida de ínfima calidad, pero no es así, y ahí radica precisamente lo positivo del Peter’s. Queda garantizado que las extrañamente baratas copas no destrozarán el hígado.
De todos modos, y si aún así uno no se fía (recelar es más que comprensible)y se quiere ir a lo seguro, en lo referente a las cervezas (a las que vienen en su lata o botella, no a las de grifo, donde el garrafón es imposible como cualquiera sabe) la cosa está igual: dos y medio las cervezas de importación, y aún más baratas las nacionales como precio base de un surtido variadísimo. Y lo de precio base da mucho de sí. Pocas son de hecho las cervezas que exceden los dos y medio, y eso aunque se trate de grandes cervezas y de generosas raciones, ya sean tostadas, negras o rubias. El Peter’s es un buen bar para que el neófito pueda descubrir nuevos sabores y el entendido encontrar muchas de sus marcas favoritas.
Aparte de todo esto señalar que el bar no es conocido por la calidad de sus chupitos, aunque pueden pedirse. No se sirven cachis, pero con cada consumición (a no ser que al camarero se le olvide) va una ración de pipas gratis en un vasito de plástico. Por esto mismo suele llamar la atención a quien entra por primera vez el suelo de este bar, pues está completamente lleno de cáscaras.
En cuanto al bar en sí, resulta un lugar bastante corriente: un solo piso, más largo que ancho, no demasiado grande, baños presentables, un futbolín al fondo, dos pantallas para proyectar partidos o lo que se tercie, un televisor encima de la puerta de entrada, generalmente ocupado también con imágenes de deportes, tragaperras, dardos y maquinas de juego táctiles.
Hay una larga barra que queda a la izquierda según se entra, detrás de la cual está expuesto el variado género, y que es atendida por otro de los atractivos del bar: dos infatigables camareros profesionalísimos, dos caballeros bajitos, campechanos y rechonchos, tan parecidos que es claro que deben de resultar familia, y que sirven cualquier cosa con un saber hacer digno del mejor camarero y a gran velocidad, todo esto además mientras ponen la música, recogen los vasos o se prestan a cualquier otro menester (para matar el tiempo alguna tarde se aconseja observarles durante un rato, para apostar por cuál de los dos lo hace mejor al tiempo que para deleitarse con su manejo del género y su excelente puntería para encestar chapas y casquillos de botella en la basura a gran distancia).
El bar no suele por lo general llenarse demasiado (nunca suele abarrotarse), y el bullicio suele ser tolerable, salvo quizás cuando hay partido. No obstante, suele acabar haciendo quizás demasiado calor en algunas ocasiones. También hay que decir que, para quien un sábado no pille un taburete al lado de la barra o un asiento pegando a la pared, o no esté en movimiento jugando a los dados, a las máquinas o al futbolín, puede echarse de menos las mesas y las sillas que suelen estar colocadas en el centro del bar todos los demás días, pues toca aguantar de pie, aunque nunca en solitario.
Tampoco es un bar en el que se vaya a oír buena música pero es lo de menos pues, entre otras cosas, el barullo reinante apenas dejaría oírla. Y no está especialmente pensado para bailar, aparte de que los dueños, no muy amigos del excesivo jaleo, seguramente no lo permitirían (al fin y al cabo es un bar).
En cuanto a la decoración, pues nada que decir. No hay un estilo o un tema. Simplemente funcional y mínimamente acogedor, con un sinnúmero de carteles de ofertas por las paredes, y una colección de pegatinas subversivas muy curiosa en una pared cerca de la barra. Y la iluminación suficiente, simples bombillas ni demasiado fuertes ni demasiado tenues.
Este bar abre toda la semana. Los viernes no suele llenarse en exceso, y como se ha dicho su imagen cambia algo, pues suele tener puestas las mesas y las sillas. El sábado suele estar bastante lleno a las diez, hora a la que ya es difícil encontrar asiento, y mantiene la afluencia hasta bien entrada la madrugada. Después, el ritmo decae sensiblemente hasta el cierre, que suele llegar, como en muchos otros bares, pasadas las tres.
Quien lo quiera encontrar, que se de una vuelta por la calle Cardenal Mendoza número 10, casi a la altura del Palacio de Santa Cruz.
Como colofón, decir que los domingos se celebran sorteos con premios variados, en los que se participa con unos boletos que se entregan gratis con cada consumición.
Unas fotos del bar:







